Por Álex Figueroa F.

 

Texto base: Apocalipsis cap. 13

En el mensaje anterior vimos cómo la enemistad predicha en el libro de Génesis entre la mujer y el dragón se hacía manifiesta en toda su intensidad. El dragón, que es satanás, mostraba todo su odio contra la mujer, que es el pueblo de Dios, y contra el Hijo de ésta, que es Jesucristo.

El odio de satanás contra Cristo y la iglesia es inmenso y sus planes son terribles, pero vimos que en cada uno de sus intentos por destruirlos, sólo encontró frustración. Al ver que no pudo derrocar a Cristo y sabiéndose expulsado del Cielo por la victoria que Jesús logró, el dragón ahora vuelca todo su odio y furor contra la Iglesia.

Sin embargo, la Iglesia es protegida y sustentada por el Señor para que viva en el desierto, que representa un lugar en el que el pueblo de Dios depende de su Señor, es sustentado sobrenaturalmente por Él y recibe la preparación para adorarle y servirle. El texto nos decía que la mujer, es decir, la Iglesia, era sustentada en el desierto por 1260 días, que equivale a 42 meses, o a 3 años y medio, o a tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo; y que es el período que va desde la ascensión de Cristo hasta su segunda venida, en el que la Iglesia debe ser testigo del Señor, dando testimonio del mensaje que recibió de parte de Él, y es el mismo tiempo que tiene la bestia y el falso profeta para engañar a la humanidad y destruir a la Iglesia.

Pero esta expulsión del diablo desde el Cielo es sólo un anticipo de lo que será su destrucción segura. Él ya no puede seguir acusando a los creyentes delante de Dios, quien ahora sólo escucha la intercesión que hace Cristo en su favor. Hoy nos concentraremos en el cap. 13, que es una explicación más detallada del obrar del dragón visto en el cap. 12. Esta vez, se trata de cómo el dragón, que es satanás, obra en el mundo, es decir, en todos aquellos seres humanos que no han creído en Cristo, y cómo a través de sus ayudantes, la bestia y el falso profeta, logra ejercer un gobierno sobre estos no creyentes, persiguiendo a la Iglesia de Cristo.

Satanás, querrá ocupar el lugar de Cristo y hará todo lo posible por usurpar su trono, para lo que contará con el ministerio de esta bestia que sale del mar y aquella que sale de la tierra.

I. La bestia: La violencia del mal (vv. 1-10)

(vv. 1-2) Lo primero que debemos hacer es situarnos en el escenario de la visión entregada a Juan. Dijimos que este v. 1 nos vincula con el cap. anterior. Debemos hacer una precisión aquí. La versión Reina Valera 1960 da a entender que es Juan el que está parado sobre la arena del mar. Pero si revisamos otras traducciones más exactas en este punto, nos daremos cuenta que el que está parado sobre la arena del mar es el dragón. Esto es una referencia directa a lo que estaba ocurriendo en el cap. anterior con la rivalidad entre el diablo y la Iglesia.

Por eso, si nos ubicamos en el escenario de esta visión, veremos a satanás en la arena, como en la división entre el mar y la tierra. Desde allí invoca a sus dos ayudantes, que usará como instrumentos en su intención de usurpar el trono de Dios y de perseguir a la Iglesia. Llama a uno de sus ayudantes que sale desde el mar, que es la bestia; y luego al otro que surge desde la tierra, que es el falso profeta.

La primera bestia, entonces, surge desde el mar. ¿Qué quiere decir esto? El mismo libro de Apocalipsis aclara este significado: el mar o las muchas aguas significan: “… pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas” (Ap. 17:15). Esto nos está indicando que la bestia no es una clase distinta de ser, no es un ángel disfrazado de hombre o algo por el estilo. La bestia es propiamente humana, es la expresión máxima de rebelión a Dios y de orgullo perverso. Es el hombre aliándose con satanás, es el producto de la obediencia de Adán y Eva a la serpiente, es el máximo exponente del pecado en el ser humano.

Por eso también se relaciona con lo que la Escritura llama “el hombre de pecado” (2 Tes. 2:3).

Fijémonos que la apariencia de esta bestia es muy similar a la apariencia del dragón del cap. 12 (12:3). Las siete cabezas representan un frente unido de autoridad que arremeten contra el Señor y su pueblo, y los 10 cuernos representan un poder pleno con el que actúa este reinado. Las cabezas y los cuernos, es decir, la autoridad y el poder, son los mismos de satanás. Es satanás quien está detrás de esta bestia, ya que usa a los gobiernos humanos para llevar a cabo su plan. Estamos hablando de una fuerza imponente que no se debe menospreciar. El dragón usa a los poderes de este mundo para implementar su plan.

Además tenía sobre sus cabezas un nombre blasfemo. Esto nos da la idea del eslogan de un gobierno. Esta es una idea muy antigua, ya la observábamos en los césares de Roma. Por ejemplo, en la Revolución Francesa se usó el eslogan “sin Dios ni maestro”. La característica de este gobierno, entonces, es la irreverencia y la insolencia contra el Señor. La blasfemia es una característica del hombre no redimido. El libro de Romanos nos habla de la boca del hombre sin Cristo: “Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura” (Ro. 3:13-14). Lo que hace la bestia, entonces, es simplemente llevar esa característica natural del hombre pecador a su grado máximo.

Por otra parte, la descripción que se hace de esta bestia nos lleva al libro de Daniel cap. 7. Allí se presenta a cuatro bestias. La última de ellas es un reino maligno que dominará sobre la tierra con gran poder. Lo que hace la visión de Juan es resumir estas cuatro bestias en una sola, que nos habla de un gran poder que tanto como ser la máxima expresión de maldad humana, es también el máximo exponente del poder y dominio del hombre sobre otros hombres.

El leopardo representa la rapidez y la eficiencia mortífera para capturar a la presa. El oso representa el poder para destrozar, la fuerza enorme del golpe con sus garras que destruyen a su presa. La boca del león nos habla de la crueldad y brutalidad de esta bestia. Ella, entonces, es una combinación de velocidad, eficiencia mortal, poder destructivo, crueldad y brutalidad. Así es este gobierno del mal.

Además, esta bestia goza de toda la complacencia del dragón, quien le da su poder, su trono y su autoridad. Debemos tener claro que satanás intenta no solo imitar, sino parodiar al Señor. Es una imitación burlesca. Comparemos lo que dice Jesús: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt. 28:18). Tal como el Padre le da esta autoridad al Hijo, el dragón le entrega esta autoridad a la bestia.

Sin ir más lejos, aquí vemos lo que se ha llamado trinidad diabólica: el dragón, la bestia y el falso profeta; que intenta parodiar a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por otra parte, lo dicho nos indica además que el diablo tiene cierta autoridad y dominio. Está limitado, es sólo aparente y por un tiempo, pero no debemos subestimar a este enemigo. Esta autoridad, como lo dijo el diablo cuando tentó a Cristo en el desierto, es sobre los reinos de este mundo (Lc. 4:6). Por algo Cristo dice que el diablo es el príncipe de este mundo (Jn. 12:31).

(vv. 3-4) Aquí se nos habla de una herida de la bestia, y que esta herida se debe a la espada. Esto nos indica que ha existido una batalla. Esa batalla espiritual se produjo cuando Cristo murió en la cruz y resucitó de entre los muertos, hiriendo gravemente a satanás y expulsándolo del Cielo. Pero con esto vemos una nueva parodia: satanás quiere imitar la muerte y resurrección de Cristo.

Pero muy probablemente esto nos indica que la bestia hará un prodigio engañoso, un milagro falso en el que parecerá volver a la vida después de la muerte, lo que atraerá la admiración y adoración del mundo entero.

Todo el mundo, es decir, todas las personas no salvadas por Cristo adorarán a esta bestia y se maravillarán de su prodigio falso. Esto nos da para pensar en la profunda maldad del hombre, ya que este milagro falso logrará en ellos lo que no causa la resurrección de Cristo, que es el prodigio más grande que se ha realizado en todos los tiempos, y es una manifestación de verdadero poder. Esta manifestación falsa y engañosa, entonces, atrae al mundo como no lo hace la gloriosa resurrección de Cristo.

Por otra parte, esta adoración no puede ser más insolente. Esto porque le dedican adoración que sólo se debe rendir al Señor, como si la bestia fuera única en su majestad y poder, ocupando incluso frases que la Biblia sólo reserva para el Dios vivo y verdadero, como dice Ex. 15:11: “¿Quién como tú entre los dioses, oh Señor? ¿Quién como tú, majestuoso en santidad, temible en las alabanzas, haciendo maravillas?”.

La bestia exige adoración, exige culto, exige veneración. Tal como la adoración a Dios se demuestra en cada uno de nuestros actos, hasta en comer y beber, la adoración a esta bestia se demostrará hasta en lo más cotidiano, aunque las personas sean inconscientes de ello. Somos seres esencialmente espirituales y religiosos, rendimos culto de manera natural, el problema es que por nuestro pecado, este culto se dirige al objeto equivocado, se desvía y pervierte. Debiendo adorar a Dios, adora a la creación, como nos dice Romanos cap. 1. Entonces, este culto a la bestia será idolatría en su grado máximo, dirigida desde los hombres hacia este gobierno humano.

Recordemos, además, que quien está detrás de la escena es el dragón mismo, por lo que la adoración que se tribute a la bestia es en realidad adoración al mismo satanás.

El ministerio de la bestia

(vv. 5-6) La bestia, como hemos dicho, tiene el mismo tiempo que ha recibido la iglesia para actuar (2 testigos, mujer en el desierto); pero mientras que la iglesia debe ser testigo, predicando y proclamando el mensaje del Evangelio, este rollo que ha recibido de parte de Dios; la bestia se dedica a hablar con arrogancia y pronunciar blasfemias. La bestia no sólo se glorifica a sí misma: sus palabras se dirigen activamente contra Dios, profanando su nombre y su gloria.

Su ministerio apunta contra Dios, no tiene temor alguno de su nombre, por tanto sus palabras carecen de toda sabiduría (Cfr. Pr. 1:7), son pura necedad, y una necesidad que se dirige a profanar las cosas más sagradas.

Como dijimos más arriba, entonces, una característica distintiva de este gobierno humano satánico es la blasfemia contra el Señor, la oposición a todo lo que tenga que ver con Cristo y su Palabra. Constantemente hablará insolencias contra el Señor y contra su pueblo, a los que odia y pretende destruir.

En este gobierno del mal no se puede predicar ni oír la verdadera Palabra de Dios, y no hay lugar para la iglesia verdadera. Podremos encontrar congregaciones que existan en paz, pero aunque declaren serlo, no serán Iglesias de Cristo sino sinagogas de satanás; y podremos escuchar que se predica acerca de la Biblia, pero no será la sana doctrina, sino las doctrinas de demonios las que prevalezcan.

(vv. 7-10) Este pasaje nos recuerda lo ya visto en el cap. 11, donde se nos decía sobre los dos testigos: “Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará” (11:7). También nos lleva a lo dicho ya en el libro de Daniel sobre esta bestia: “Mientras observaba yo, este cuerno libró una guerra contra los santos y los venció” (Dn. 7:21).

Como nos dice Simon Kistemaker, “la incongruencia de esta guerra es que el que conquista es derrotado y los que él derrota al final son declarados como vencedores”. Tal como dijimos al predicar de los dos testigos, la bestia perseguirá a la Iglesia hasta hacerla desaparecer, en el sentido de que ya no existirá su ministerio público, será tan mermada que será irrelevante. Esto no significa que todos los cristianos morirán, pero la Iglesia como congregación visible, como columna y baluarte de la verdad llegará a ser vencida por un período muy breve, para luego resucitar en gloria delante del mismo mundo que la quiso ver destruida.

Es decir, la bestia no solo se dirige contra Dios, sino también contra su pueblo. Ya vimos que el dragón siempre persiguió a los hijos de la mujer. Caín y Abel, etc. Esto mismo lo vimos con detalle en la serie que hicimos sobre Esdras y Nehemías.

Vemos además una nueva parodia, ya que el gobierno de esta bestia tiene autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Está decidido a usurpar el lugar de Dios, quien rescató en Cristo a personas de toda tribu, pueblo, lengua y nación. Pero sabemos por lo visto en el cap. 11, que todos los reinos vendrán a ser del Señor y de su Cristo.

Más adelante nos referiremos al v. 8.

El v. 9 nos aclara que este mensaje es para todo el pueblo de Dios en todas las épocas. Cuando se realiza esa exhortación abierta a escuchar, los destinatarios son todos aquellos que hayan recibido entendimiento de parte de Dios para discernir este mensaje. Son sus hijos en todo tiempo y lugar, que deben estar atentos a las palabras de esta profecía.

Se nos dice que los santos deben soportar la persecución en fidelidad y perseverancia. Seremos perseguidos, sufriremos, nos apresarán y nos matarán y debemos sufrir tales cosas, sabiendo que el galardón es mucho mayor. Esto hecha por tierra el pseudo evangelio de la prosperidad. Como hemos visto durante toda esta serie, aquellos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución (2 Ti. 3:12).

Los cristianos no deben combatir espada contra espada a este gobierno del mal. Deben soportar en la fe y paciencia de los santos estos sufrimientos, padeciendo penalidades como siervos de Cristo, esperando la justicia que Dios hará destruyendo a la bestia y a sus seguidores.

Esta bestia, también llamado anticristo, no solo es un reinado que será seguido por todo el mundo. No es solo un reino mundial. Es un gobierno violento y sanguinario, brutal en su persecución contra el pueblo de Dios. Es violencia pura contra la Iglesia.

II. El falso profeta: el engaño del mal (vv. 10-15)

(vv. 10-12) A diferencia de la bestia que sube del mar, este sale de la tierra. Aquí se habla de “tierra” como opuesto a “Cielo”. Esta bestia es conocida como “el falso profeta”, quien será terrenal en el más puro sentido de la palabra, como cuando el Apóstol Pablo habló de los enemigos de la cruz de Cristo, quienes “… sólo piensan en lo terrenal” (Fil. 3:19). Se opone y combate a lo celestial.

Es curioso pensar en la mentalidad de la gente en esta época, para quienes sólo existe esta vida y no hay ni Dios ni paraíso ni infierno, así que deben esforzarse lo más posible por “vivir la vida” que es corta, ya que moriremos y con eso termina todo. Así que se entregan a placeres y deleites terrenales sin la menor consideración del Señor y su Palabra. Este pensamiento tan vigente hoy será como paja para el fuego del falso profeta, quien con su engaño sacará el máximo partido de esta mentalidad.

Hablando de las dos bestias, el comentarista Simon Kistemaker afirma: “Una ataca la parte externa del ser humano, es decir, el cuerpo físico, con destrucción y muerte; la otra influye en la parte íntima de una persona, a saber, la mente. La segunda todavía es más de temer que la primera; puede hacer que los habitantes de la tierra adoren a la bestia que sale del mar. Es el símbolo de la religión falsa y de filosofía falaz”.

Este falso profeta se presentará con apariencia de cordero, querrá pasar por Jesús, se presentará como un mesías, pero en realidad es un dragón. Su naturaleza es diabólica. Esto nos recuerda una característica típica de los gobiernos humanos, sobre todo de aquellos que prometen establecer un paraíso en la tierra. Tienen discursos mesiánicos, se presentan como salvadores, pero luego se transforman en tiranías y en vez de traer un paraíso terrenal desatan un infierno en la tierra. Esta característica será especialmente en el gobierno de la bestia y el falso profeta.

Tal como el Espíritu Santo glorifica al Padre y al Hijo, este falso profeta ejercerá la autoridad de la bestia para su ministerio maligno, y hará que adoren a la bestia, lo que significa también adorar al dragón. Es decir, su autoridad también es diabólica.

Podemos imaginarnos a la bestia y al falso profeta como los dos brazos del dragón. La bestia es el brazo del gobierno, de la autoridad y el poder, que implica un dominio político, un control social sobre todos los hombres no redimidos. El falso profeta provee del engaño que controla las mentes, crea las ideas y los pensamientos necesarios para que la bestia pueda ejercer su poder y su dominio. Es su instrumento de propaganda. Con el brazo del poder y el brazo del engaño, satanás ejerce su dominio sobre el mundo.

(vv. 13-15) Realiza señales y prodigios, tal como Cristo lo hizo. Aquí vemos una nueva parodia del mal, en donde el falso profeta imita milagros de verdaderos profetas de Dios, como lo fue Elías, por cuya oración Dios mandó fuego del Cielo delante de los hombres. Esto nos habla de que las señales y prodigios por sí mismos no son el criterio para determinar qué es verdad, y a qué debemos consagrar nuestra vida. Las señales y prodigios sólo tienen sentido cuando se enmarcan en la Palabra de Dios y dirigen nuestros ojos hacia Él.

No es primera vez que se realizan prodigios o actos de magia para impedir que se adore al verdadero Dios. Los magos de faraón hicieron trucos engañosos para que éste no accediera a la petición de Moisés (Éx. 7), y el mago Elimas en Chipre, resistió la predicación de los apóstoles para que el Evangelio no se expandiera en la isla (Hch. 13).

Este es el poder engañoso del que habla el Apóstol Pablo: “9 El malvado vendrá, por obra de Satanás, con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos. 10 Con toda perversidad engañará a los que se pierden por haberse negado a amar la verdad y así ser salvos” (2 Tes. 2:9-10).

El falso profeta ordena levantar imagen a la bestia, lo que era una forma típica en la antigüedad de hacer que se adorase a quien estaba en el gobierno. Lo vimos con Nabucodonosor en el libro de Daniel, lo hizo también Calígula, lo hizo también el régimen Nazi con la svástica, y el régimen comunista con la hoz y el martillo. Ejemplos sobran en la historia universal. La idea de levantar una imagen como esta es que se rinda culto al gobernante, al emperador, al rey. Y esto que ya hemos visto, es solo una sinopsis de lo que ocurrirá con el hombre de pecado, en donde se verá esta adoración al rey en su máxima expresión.

El falso profeta infundirá aliento a esta imagen de la bestia, lo que nos dice que convencerá a los habitantes de la tierra de que la bestia es dios, que es una divinidad, se unirá en él lo político, lo militar y lo religioso, su dominio será total y generalizado sobre toda tribu, lengua y nación, con la propaganda engañosa del falso profeta. Tal como el Espíritu Santo convence para salvación de los hombres, el falso profeta convence para perdición eterna de los adoradores de la bestia.

III. Los seguidores del dragón

(vv. 16-18) Este cap. 13 no trata sólo del dragón, la bestia y el falso profeta, sino que también de sus seguidores. En repetidas ocasiones se enfatiza la idea de que su reinado es mundial, todos los seres humanos que no formen parte de la Iglesia de Cristo se someterán a este gobierno del mal.

Recordemos aquí el v. 8. La adoración a la bestia simplemente refleja un corazón perdido en tinieblas y que no está dentro del pacto con Dios. Los que tienen el sello de Dios no adorarán a la bestia. Todos los demás se rendirán a sus pies y lo adorarán como un dios.

Esto refleja simplemente una verdad clara en las Escrituras: “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). Cuando el Apóstol Pablo habla del tiempo en que andábamos sin Dios, dice: “Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia” (Ef. 2:2), es decir, el dominio de satanás se extiende a las criaturas que son rebeldes a la voluntad de Dios y están muertas en sus delitos y pecados. Es precisamente este dominio el que recibe la bestia de parte del dragón.

Tal como en el cap. 7 de Apocalipsis el Señor selló a los redimidos, que se simbolizaban con los 144.000; la bestia marca a los que le pertenecen, con lo que vemos una nueva parodia. De esta forma identifica a los suyos, tienen su sello, su impronta, se someten a su gobierno y aceptan sus engaños como verdad absoluta; mientras rechazan lo que realmente es verdad eterna, que es la Palabra de Dios.

Fijémonos en algo. Desde la caída, el ser humano nunca ha podido vivir en unidad permanente. Siempre han existido divisiones, pleitos, peleas, conflicto, maltrato y homicidios de unos contra otros. Pero este gobierno maligno logra una unidad perversa, sobre lo único que puede unir a los hombres impíos: su odio hacia Cristo y la Iglesia. El racismo, el clasismo, la xenofobia, el machismo y el feminismo se borran cuando se trata de odiar a Cristo, en esto habrá completa unidad. Esta unidad en la rebelión hacia Dios nos recuerda una vez más a la torre de Babel, pero tal como fue el fin de esa torre, destrucción y confusión, será el fin de los adoradores de la bestia.

Esta marca de la bestia en la mano derecha nos indica amistad y compañerismo, un trabajo por un fin común que es la usurpación de la autoridad divina y la destrucción de la Iglesia; mientras que la marca en la frente nos indica que estarán unánimes, bajo la misma ideología, dirigidos por los mismos pensamientos contra Dios y su pueblo.

El dragón aprovecha su dominio sobre el mundo, sobre los poderes políticos, intelectuales y económicos para perseguir a los cristianos, haciendo imposible su vida y participación en la sociedad. Los bloqueos económicos son típicas estrategias militares que pretenden que el enemigo se rinda sin condiciones, agotándolo con el hambre y la sed. La bestia quiere adoración total, no aceptará que sea adore al verdadero Dios, y quiere eliminar a todo el que persista en hacerlo.

El número de la bestia refleja en su expresión máxima la imperfección y rebelión humana. Será un hombre quien ejercerá este gobierno del mal, estando bajo el control de satanás. Lo que nos dice este número es que este gobierno del mal será completamente imperfecto. Satanás se esfuerza por parodiar a Dios, intenta llegar al 7 que es el número que representa la perfección, pero sólo se queda en el 6, número relacionado con la imperfección, y que en Apocalipsis se relaciona también con el juicio divino: la ira de Dios se desata con el sexto sello, la sexta trompeta y la sexta copa. La obra de satanás termina siempre en fracaso, y que sea 3 veces 6 indica una derrota completa y rotunda.

Es así como terminará este gobierno del mal.

IV. Conclusión

De lo dicho, ha quedado claro que se trata de un gobierno, el gobierno del mal, de la rebelión contra Dios y la desobediencia a su Palabra. ¿Has entendido que se trata de dos reinos que exigen obediencia? El reino de Dios y el reino de Satanás. No son dos reinos iguales, Dios es todopoderoso, eterno y no hay nadie que siquiera pueda compararse a su gloria y su poder, su justicia y santidad. Su reino es seguro vencedor y se establecerá sin que alguien pueda detener su plan. El reino del diablo es sólo una autoridad aparente, insolente, arrogante, que habla grandes cosas pero no es nada. Pero aun así, tú podrías estar viviendo de acuerdo a la lógica de este reinado perverso que exige obediencia y adoración. Aunque este rey es un impostor, un mentiroso y un perdedor que será destruido, tú puedes vivir absurdamente obedeciendo sus órdenes y sujeto a su voluntad. ¿Te das cuenta de esto?

El adorador de la bestia puede ser estudiante universitario, una dueña de casa que lava los platos y ve telenovelas como cualquier otra. Puede ser un anciano que da de comer a las palomas sentado en una plaza, un kioskero, un Senador, un oficinista, un médico y un profesor. En sus corazones ya está la materia prima para adorar a la bestia: la rebelión contra Dios.

Cuando nos imaginamos al diablo, tenemos en mente esta imagen horripilante, en la que se le muestra como un ser repugnantemente feo. Pero la fealdad de satanás no está en las facciones de su rostro, sino en su rebelión contra Dios, en su desobediencia abierta a su Palabra. Y es ese elemento el que caracteriza al adorador de la bestia, al que caerá bajo el engaño del falso profeta.

Si hoy no amas al Señor, si no has creído en Jesucristo, confiando en Él como el único que puede salvarte y darte vida verdadera, si no has creído en su Palabra ni la consideras como un tesoro supremo, tú eres candidato para ser un adorador de la bestia, uno de los engañados por el falso profeta que entrega su vida a satanás.

Pero si eres de los redimidos por Cristo, ¿Estás consciente de que vendrá persecución? ¿Estás dispuesto a soportar las arremetidas furiosas del dragón y de sus seguidores? ¿Estás dispuesto a ser fiel a Cristo no importando que esto te cueste tu propia vida?

Recuerda que este Cristo glorioso ya está reinando, y que Él vencerá a todos sus enemigos y los aplastará bajo sus pies. ¡Al tocar la séptima trompeta, todos los reinos del mundo vendrán a ser del Señor y de su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos! Perseveremos, entonces, sabiendo que este reinado de la bestia será roto en mil pedazos bajo los pies de nuestro Rey Soberano. Cristo reina, y nosotros reinaremos con Él. Amén.